sábado, 1 de diciembre de 2012

ENTRE VIAJE Y VIAJE: Recordar es volver. UNO.



ENTRE VIAJE Y VIAJE:

Recordar es volver

Francisco Alonso Crespo



Introducción: LUGARES Y TEXTOS



Cuando vamos de viaje y visitamos tantos lugares y monumentos famosos topamos a veces con inscripciones breves, muy bien elegidas y estratégicamente situadas: Sobre bloques de granito en el camino del Destierro, en el pedestal de la estatua de Ramón Llull, en la fachada del ayuntamiento de Mijas, al pie de la muralla en Cartagena, a la entrada del jardín botánico Marimurtra… Alargamos el cuello y leemos. Alzamos la vista para contemplar el conjunto y volvemos al texto.

Puede que estas inscripciones tengan una apariencia impersonal; pero para nosotros se convierten en algo muy personal. Su lectura hace que nos sintamos bien: en breves instantes nos pone en sintonía con el lugar al que hemos llegado, con su sentido y significado. Es como si los antiguos moradores de allí nos dieran la bienvenida.

Como ponerse a copiar los enunciados literales resulta complicado, hacemos la oportuna foto enfocando no sólo el texto; sino el marco general, incluidos los compañeros de viaje que, inquietos y curiosos, pululan por allí.


Hace tiempo que ha terminado el viaje. Estamos en casa y de repente nos apetece recordar. La pantalla del ordenador, o una de esas lupas de lector de vista cansada si son fotos impresas, nos permiten recuperar “talis cualis” la inscripción aquella situada al pie del monumento, a media altura en la fachada, a la puerta del jardín. Escudriñamos los detalles de la fotografía, leemos de nuevo el breve texto, contemplamos el lugar al mismo tiempo que evocamos los recuerdos personales, cada uno a su manera, y otros mil detalles. Entre viaje y viaje, en grata compañía y libres de cualquier incomodidad, revivimos los viajes ya realizados.
Al recordar, volvemos y nos quedamos un rato por allí.



1.

“Como la uña de la carne, así separándose van…”

-Si mueves la lupa sobre la fotografía conseguirás ver al fraile barriendo. Aparece al fondo; en el ángulo que forman el muro del monasterio y la fachada de la iglesia, a los pies de la entrada. Como ves, se trata del Monasterio de Cardeña, cerca de Burgos.

Si mueves la lupa verás al fraile...


El sol de este sábado de mayo ya está bastante alto y calienta con ganas. Acabo de llegar andando desde Burgos por el camino del destierro, del destierro del Cid, claro está. En la ladera de la derecha del camino (según se llega a la explanada del monasterio) hay un pequeño manantial oculto entre la maleza, que sólo algunos conocemos. Me he refrescado y me siento mejor. Tras ojear el panorama inmediato he preparado la cámara.
Muchos burgaleses se casan en San Pedro de Cardeña para sentirse (por un día y con corona real) como el Cid y Doña Jimena.



La boda ha terminado, la gente ya se ha ido hacia los coches dando vivas a los novios y el fraile, una vez más, barre y recoge el arroz para los pollos del monasterio. Como puedes ver la plaza se ha quedado vacía.


 Si aplicamos ahora la lupa aquí y ahí podremos leer las estrofas del Cantar de Mío Cid grabadas en esos bloques de granito erigidos sobre la franja de césped que conduce a la puerta de la iglesia. Bloques como éstos han sido colocados recientemente a lo largo del “camino del destierro”, con ocasión del milenario del Cid. Lo sé porque procedo de Burgos, precisamente de las “tierras del Cid”, y recorro partes de este camino cuando me apetece.
Poema del Cid

Los breves textos aparecen dos veces: en la escritura original del amanuense y en letra moderna impresa:

Llamavan a la puerta e sopieron el mandado


¡Dios qué alegre fue el abbat don Sancho!


Con lumbres e con candelas al corral dieron salto


Con tan gran gozo reciben al que en buen ora nascio.




Lorando de los ojos, que non viestes atal,


Así s´parten unos dotros, commo la unna de la carne.


Mio Cid con los sos vassallos penssó de cabalgar,


A todos esperando, la cabeça tornando va.



Los versos del Cantar (Per Abbat lo escribió hacia 1.207, reinando Alfonso VIII; el Cid había muerto en 1.099) consiguen que visualicemos los hechos y los sentimientos como no lo haría el mejor cineasta de hoy. Tenemos aquí dos estrofas. En la primera las palabras se alargan; en la segunda, se mueven intranquilas como los cascos de los caballos a punto de partir, y son más cortas. La llegada se prolonga en la noche, todos la disfrutan; pero la despedida, de madrugada, es nerviosa, todo se precipita entre lágrimas furtivas y palabras agudas.

Fuente escondida


Esto de los bloques con los textos del Cantar es una buena idea. Desde que están ahí, leo los versos siempre que voy, y avanzo de otra manera (con otro sentimiento) hacia la iglesia, cuya puerta suele estar abierta. De hecho el “corral” al que sale el Abad don Sancho (al saber que llega el Cid, ya de noche) estaba ahí mismo, cuando aún no se había construido este edificio más moderno que tenemos a la izquierda de la foto.
Fachada del Monasterio

En la foto no aparece la puerta de la tienda que llevan los propios monjes. Queda justamente a la izquierda. De haberme colocado un poquito más atrás, la foto recogería el comienzo del muro, y por consiguiente la puerta de la tienda, y tal vez algo de la fachada del monasterio.

Entro en ella tras sacar las fotos y, en la penumbra, miro los precios de las cosas. No sé por qué me fijo sobre todo en las botellas; en la del licor “tizona” que elaboran los propios frailes, y en un juego de tres (tinto, blanco y clarete) que van en un estuche con asa. Me empeño en dividir por tres para saber a lo que sale cada una. Es una manía parecida a la de contar los apóstoles en la portada del Sarmental cuando subo por la escalinata. Manías. Detrás del mostrador hay un fraile gordo que me ignora mientras habla con otro que se mueve en la trastienda. El del mostrador comenta una cuestión de dirección espiritual de mujeres, con una implícita carga erótica de grueso calibre. Miro su expresión y pienso: “Joder, aquí el que no se contenta es porque no quiere”. Sigo invisible para ellos. No les falta la psicología del tendero y saben que no tengo intención de comprar absolutamente nada (sé que tengo el aspecto de los que miran y no compran). He venido a pie por Cortes y pienso volver a pie por Carcedo y Cardeñadijo. Sólo me faltaba cargar con el tizona, o el juego de botellas de tinto, blanco y clarete, o el tríptico pseudobizantino de la Virgen del perpetuo socorro…


Iglesia gótica

Dejo la tienda y avanzo hasta la iglesia, entro y me siento al fresco (me pongo la sudadera que llevo colgando, por si acaso). Pienso en la alegría del Abad don Sancho al recibir al Cid; en el dolor de la separación del Cid de sus hijas y de su mujer; en la fuerza y la ternura de “como la uña de la carne, así separándose van”… Esa era la transcripción escolar de los manuales, y recuerdo que, estudiante adolescente en un seminario, pensaba: “bueno, no es para tanto…”; pero sí, sí que lo es. Per Abatt omite las tiernas palabras del joven padre al despedirse de sus dos hijitas; pero pudieron ser parecidas a las que el experto en tiernos afectos, Ramón Llull, escribiría algo más tarde: “Ojos de mis ojos, pensamiento de mis pensamientos, amor de mis amores, aliento de mi vida…”.


Fco. Alonso Crespo
Tres Cantos


Continuará: 2. “Amor es aquel.la cosa qui…” (Ramón Llull)









martes, 6 de noviembre de 2012

La enseñanza segregada, ¿tiene sentido hoy?




La enseñanza segregada, ¿tiene sentido hoy?

Francisco Alonso Crespo



El Ayuntamiento de Tres Cantos aprobó en su último pleno, por la mayoría del partido en el poder, la subvención pública para los colegios que imponen la enseñanza segregada. Pero ¿tiene sentido en la actualidad este tipo de enseñanza? Veamos.



Algunos, muy pocos; pero muy influyentes, proponen la enseñanza segregada: chicos en unos colegios y chicas en otros. Aducen argumentos de índole psicológica y pedagógica. Básicamente sostienen que unas y otros son diferentes, con un desarrollo diferente, y por consiguiente aprovechan mejor en centros diferentes. Consiguen incluso que la derecha de este país conceda subvenciones públicas para sus centros.



Más en la base hay otras razones: Ambientes religiosos ultramontanos, a imitación, dicen, de otros países modernos, consideran que deben acentuar y cultivar las diferencias entre sexos para combatir la llamada ideología de género. Cargos del sistema educativo que presumen de católicos amparan esta alternativa. Opino que con estos amigos la iglesia católica no necesita enemigos. Ingenuamente considero que la así llamada ideología de género lo que pretende es que a la mujer se le respeten los derechos humanos; pero por lo visto la cosa es de un gran calado antirreligioso y antimoral.



Se busca también el grupo homogéneo en el aula homogénea, el sueño de todo profesor hasta que descubre que eso es una entelequia. García Hoz, padre (no García Hoz, hijo, profesor entonces en mi facultad de psicología, a quien los grises apalearon por “rojo” -cosa que yo no presencié pues estudiaba en el nocturno); García Hoz, padre, un pedagogo del Opus, hace ya medio siglo que en un manual que yo usaba entonces por sus “pruebas pedagógicas” sostenía que la homogeneidad no es tal; sino que la heterogeneidad y las diferencias intelectuales y de capacidad de aprendizaje aumentan exponencialmente a medida que los alumnos avanzan en los cursos. Es decir, no sólo hay diferencias; sino que la variabilidad de los grupos aumenta con la edad y los cursos. Dado el sexo, las diferencias “intragrupo” aumentan de modo que terminan siendo más relevantes que las presuntas diferencias “intergrupos”. De poco sirve que la media entre grupos sea significativamente diferente (si así sucede) cuando de todas formas la variabilidad, esto es las diferencias entre unos chicos y otros; entre unas chicas y otras, se dispara. Pero por lo visto ni la autoridad de este señor del Opus les conforma. Por otra parte, el profesor sabe que, dada la población del alumnado en un curso dado (el adecuado tratamiento de la minusvalías en el aula es otra cuestión), en la clase se ha de contar con la heterogeneidad y en consecuencia se han de flexibilizar los métodos.



¿Pero de verdad alguien cree que en ambientes segregados se aprende a convivir y a desarrollar de forma adaptada los roles del sexo y género respectivos? Incluso puede que inconscientemente hasta se eche más leña al fuego de la misoginia y la misoandria: el desprecio va fácilmente dirigido a los ausentes. Los prejuicios surgen del mutuo desconocimiento.



Pero hay más: desde la etnología, la psicología comparada y el sentido común, qué caray, se sabe que en los grupos y ambientes segregados, en los cuales faltan los interlocutores del otro sexo, en esos ambientes aislados y segregados tienden a aparecer pulsiones, roles y conductas propias del sexo opuesto. Los biólogos y conocedores de estas situaciones y condiciones en el mundo animal y en el específicamente humano ofrecerían una amplia muestra. Aparecen roles masculinos y femeninos; unos aparentes, otros latentes; unos de broma, otros en serio.



Este tipo de enseñanza existió en el pasado y en la actualidad se consideraba felizmente superado. Ahora pretende volver como si fuera una moda. Consiguen incluso que la derecha de este país conceda subvenciones públicas para sus centros. Pero por mucho que se empeñen sus promotores, es una alternativa que hoy carece de sentido. Ha contado con el apoyo de los concejales del partido popular; pero dudo que los vecinos de Tres Cantos, incluidos los votantes de este partido, estén de acuerdo con esta medida.



Fco. Alonso Crespo.

Enero de 2013

Tres Cantos.



“No se soportan” (dice Artur Mas de Cataluña y España).


“No se soportan”

Tesis:  “La hora de la verdad”

Estudiando la historia de España en segundo de Comunes (allá en Oviedo y hace 42 años), recuerdo la explicación que el manual de la asignatura, de Ubieto-Jover-Reglá-y-Seco (así lo decíamos de carrerilla), daba sobre la marcha al exilio de Isabel II: “Los españoles ya no la soportaban”.

Lo recuerdo literalmente porque me dejó verdaderamente perplejo este motivo tan “visceral” para un hecho que podía acarrear graves consecuencias a todo el país. No era la lucha de clases (avant la lettre) y contra la opresión, no eran motivos ideológicos ni económicos ni partidistas: No la soportaban. Por cierto, ¿cómo se sabía (era a mediados del siglo XIX) lo que pensaban los españoles? Tal vez los jefes de los partidos y la “opinión publicada” y los habituales de los cafés y ateneos madrileños… pero ¿los españoles en general? “Los españoles no la soportaban”, ¡punto!

Hace unas semanas Artur Mas se ha despachado de forma similar. Me sonaba y por eso me ha dejado helado (decir perplejo sería poco) la frase pronunciada por él para iniciar el proceso de secesión de Cataluña: “Cataluña y España no se soportan”.

Aprecio en gran manera a los catalanes pues cuando trabajé con ellos respetaron mis derechos y apreciaron mi trabajo. Admiro su buen hacer y su ética cívica. Y sus ganas de vivir. Y la lengua no fue un problema.

Pero por lo visto para este señor, representante de la derecha catalanista, ha llegado lo que la periodista catalana Julia Otero (que se opone explícitamente a la independencia) llamaba ayer la hora de la verdad; y que empiece el espectáculo.



Antítesis:  -“¿La quiere usted en catalán?”

Cuento una anécdota pues su desenlace creo que viene al caso. Haciendo este verano (con tremendo calor) el camino de Santiago por tierras de Navarra topé con una señora que franqueaba la entrada de una iglesia templaria (hay dos en esa zona, hitos imprescindibles para un peregrino que se precie). Había que pagar un euro de entrada y además, sin ticket. Pagué pero protesté. Ella montó en cólera indignadísima. No desciendo a detalles como que me tiró el euro que yo había dejado en la caja de cartón, con tan buena puntería que entró en uno de los bolsillos de mi chaleco, y que tuve que devolver si quería entrar. Argumenté que la falta de ticket indicaba economía sumergida y dinero negro; por más que, según ella afirmaba, lo amparara el ayuntamiento (peor todavía). Calmada la cosa, al ver que otro señor manejaba una hoja explicativa, solicité la que me correspondía. Y entonces ella me preguntó: “¿La quiere usted en catalán?”

Su “ingeniosa” pregunta me dejó petrificado. Como se ve, no ganaba para sustos. Debo aclarar que soy burgalés y mi castellano no deja lugar a dudas. Por lo visto me había portado como un catalán. Ella era vasco-navarra (tal como tuve ocasión de oír). También de pura cepa. No repliqué. Se lo conté después a unos amigos catalanes del camino que se limitaron a mover la cabeza resignados. Así estaba el patio y hasta en los lugares más insospechados se estaba preparando “la hora de la verdad”.



Síntesis:  ¿Y cuál es ahora “la hoja de ruta”?

Admirados catalanes presentes a nivel estatal en el arte, en la música, en la literatura, en la ciencia, en las radios, la prensa y las TVs; en tantos programas y encuentros que tanto me han reconfortado y reconfortan, decidme, ¿cuál es ahora vuestra hoja de ruta? Dímelo tú, Pilar Rahola, ya que coincido contigo en mentalidad y en tantas causas justas, ahora que te dedicas a defender la secesión de Cataluña en los medios de alcance español con tu entusiasmo habitual: ¿Cuál es tu hoja de ruta? Sería de agradecer una explicación…

Creo que el Estado no es justo con Cataluña; y también creo que las regiones ricas (Norte de Italia) tienden a separarse de las pobres. Siempre he pensado que todo nacionalismo es una reivindicación burguesa y que los choques nacionalistas se producen entre las derechas (catalanista y españolista en este caso). Una izquierda nacionalista no es izquierda aunque se disfrace de tal. Por eso otros pensamientos y opciones moderados quedan diluidos y sin substancia en ese agua amarga y extremista.

¿Vendrán la hora de la verdad y su hoja de ruta marcadas por la pinza de esos extremos? De ser así menudo follón nos espera.

Fco. Alonso Crespo.

Tres Cantos.






martes, 30 de octubre de 2012

Viaje a URUEÑA, Villa del Libro.

A URUEÑA, Villa del Libro, viajamos con "un par de alforjas".

Viaje a San Cebrián de Mazote, Monasterio de la Santa Espina
y Urueña, Villa del Libro
(Día 18 de Abril de 2009)




Texto: Fco. Alonso Crespo




Urueña, Villa del libro.
 




1.

A Urueña, la Villa del Libro, viajamos con “un par de alforjas”: la lectura de la Historia y una historia de la Lectura . Para nosotros era un viaje especial y necesitábamos unas alforjas apropiadas, “sui géneris”.
Urueña ha ocupado un lugar importante en la historia de Castilla y de León, al menos desde el siglo X, por su proximidad a una tierra muy rica, la Tierra de Campos (rica en cereales ya en tiempos de los romanos), y por razones estratégicas derivadas de su situación como frontera entre ambos reinos.
A los de Urueña les son familiares (porque vivieron o sufrieron en su Castillo) personajes del siglo XII tan inolvidables como la poderosa Reina Urraca , hija de Alfonso VI y madre de Alfonso VII el Emperador; Dña. Sancha Raimúndez, señora de Urueña, hija de Raimundo de Borgoña y de la citada Reina Urraca; el Conde Vélez , prisionero en el castillo por haber sido sorprendido en amoríos con una prima del rey Sancho III el Deseado . Personajes del siglo XIV como María de Padilla, el amor permanente de Pedro I el Cruel, y Juan Alfonso de Albuquerque, taimado tutor de este rey y regente durante su minoría de edad, enterrado en el cercano Monasterio de La Espina. Personajes de los siglos siguientes, también prisioneros en su castillo, el Conde Luna, el Conde de Urgel y la infanta Beatriz de Portugal. Les es familiar también Jeromín, Juan de Austria, el hijo secreto del Emperador Carlos V, que fue criado en los alrededores (Villagarcía de Campos) y chospó por los Montes Torozos, hasta que fue presentado a su medio hermano, Felipe II, en el monasterio citado y con ocasión de una cacería . Con altibajos, bien es verdad, la historia de la Villa se prolonga hasta el siglo XIX, cuando se produce la abolición de los señoríos (con el consiguiente alivio para sus habitantes los cuales se vieron así libres de tal servidumbre). Los de Urueña conocen y valoran su pasado y sienten que les pertenece y da identidad.
Así pues, a Urueña hay que viajar leyendo historia. De este modo se comprenderá mejor el origen de su vigorosa imagen actual.
Ya he mencionado a Dña. Sancha (1095-1159), hija de la reina Urraca, hermana de Alfonso VII y señora de Urueña, y lo haré más veces, porque, entre los nombrados, es mi personaje favorito, y porque fue un personaje decisivo para los enclaves de nuestro recorrido. Fue una infanta del siglo XII que ni se casó ni se metió a monja (su cuerpo permanece incorrupto en San Isidoro de León). Fue educadora y consejera de reyes (“orientadora”, diríamos hoy) “pues tenía grande e saludable sentido del consejo” . Como hija soltera de reyes administró la villa de Urueña, el infantado de Tierra de Campos y otros infantados. Por fuerza tuvo que ser una mujer letrada. Entre los escasos retazos biográficos que constan se menciona su intercambio epistolar. “Su prestigio y su personalidad mantuvieron la concordia en lo esencial (entre sus sobrinos Sancho III de Castilla y Fernando II de León, sucesores de su padre Alfonso VII) hasta su muerte en febrero de 1159”, dicen los tratados de historia .


Basílica mozárabe de San Cebrián de Mazote
Dña. Sancha conocía la basílica mozárabe de San Cebrián de Mazote, del siglo X, fundó el monasterio de la Santa Espina, transformó el antiguo monasterio mozárabe de San Pedro de Cubillas en la ermita actual de la Anunciada y levantó las murallas de Ureña desde cuyos adarves podía contemplar la Tierra de Campos. Viajera incansable, durante sus 64 años de vida (longevidad nada desdeñable en aquellos tiempos) se movía por estos territorios también con un par de alforjas: unía la devoción (fundó 15 monasterios) a la acción política (apoyó a su hermano, Alfonso VII el Emperador, y a sus sobrinos, Sancho y Fernando), sin que quedara muy claro si supeditaba la primera actividad a la segunda. De haber sido nosotros de su tiempo, nadie mejor que ella para orientar nuestra visita a estos tres enclaves medievales que invitan, a quienes se acercan por allí, a retroceder 1.000 años en el tiempo, estando hoy, no obstante, de plena actualidad (como tuvimos ocasión de comprobar). Afortunadamente no la echamos en falta pues contábamos con otras dos sabias mujeres que habían preparado el viaje para nosotros: Eva y Fuencisla.
El escritor Alberto Manguel, en “Una historia de la lectura” (libro que es un tesoro) dice que “leer letras en una página no es más que una de las muchas formas de leer”. “El labrador que lee el clima en el cielo; el zoólogo que lee las huellas de los animales en el bosque; el pescador hawaiano que lee las corrientes marinas hundiendo una mano en el agua; el padre que lee la cara de su bebé buscando señales de alegría, miedo o asombro; el amante que de noche lee a ciegas el cuerpo de su amada; el psiquiatra que ayuda a los pacientes a leer sus propios sueños desconcertantes… todos ellos comparten con los lectores de libros la habilidad de descifrar y traducir signos” . ¿Y nosotros? Pues nosotros, los viajeros de A.S.P.U.R y Aire Libre del Ateneo, al ir a pasar un buen día, camino de Urueña, para visitar interesantes monumentos y lugares, íbamos también dispuestos a leer y descifrar cuantos signos y enigmas se nos pusieran por delante.
Para darnos el “madrugón” correspondiente (partíamos a las 8 h de la mañana desde el actual Ayuntamiento, Plaza de la Cibeles) nos movían incentivos turísticos y culturales en general; pero también la circunstancia tan particular a la que ya nos hemos referido: Urueña cuenta con el valor añadido de haber sido declarada en 2007, Villa del Libro, única en España y una de las muy contadas de Europa, donde “cada casa es una librería y cada vecino un librero”, y con el cartel de “Silencio, se lee…” .
Como integrantes de esa informal comunidad mundial de lectores de la que habla Manguel en su libro, hacíamos nuestro turístico “peregrinaje” a Urueña. Allí nos esperaban 11 librerías, varios museos y centros culturales. ¡Bueno, sin pasarse!: Los de Urueña han dejado espacio también para alguna que otra cafetería y algún que otro restaurante, pues su oferta es cultural, monumental y gastronómica.

2.

La distancia entre Madrid y el límite sur de los Montes Torozos (al Oeste de la provincia de Valladolid) es notable, no lo vamos a negar; pero allí estábamos, ante la basílica mozárabe de San Cebrián de Mazote del siglo X, a media mañana de un día nublado de abril que más bien parecía un día cualquiera de febrero.
El aspecto exterior de San Cebrián de Mazote engaña. La verdadera sorpresa es su interior. Ahí se revela la basílica mozárabe en su belleza, sin que falte ni sobre nada. Todo responde a las reglas de una “sintaxis” perfecta.



Basílica mozárabe de San Cebrián. Interior.

Los monjes cordobeses llegaron a este rincón de los Montes Torozos dispuestos a organizar un cenobio a principios del remotísimo siglo X . Para levantar su basílica no venían con carretas de bueyes cargadas de pesados materiales, ni siquiera tuvieron tiempo y herramientas para montar un taller de cantería. No lo necesitaban porque en su cabeza traían un modo de entender la arquitectura, y en su corazón los efluvios y los ecos de la liturgia mozárabe. Como sabían lo que querían y tenían un plan no les fue difícil reutilizar los materiales de origen romano y visigótico que encontraron en los alrededores y tal vez allí mismo. El sol que habría de penetrar por las ventanas en arco de herradura avanzando del oriente al ocaso, y la penumbra, la humedad y el intenso frío los encontraron sin hacer esfuerzos y de propina.
Por lo visto, durante siglos este enclave fue casi ignorado pues “caía fuera de camino para todas partes” (lo que fue una suerte para su pervivencia). Sólo a principios del siglo XX los especialistas repararon en este “templo parroquial” de tres naves que contenía una doble serie de arcos de herradura sobre columnas y capiteles romanos y visigóticos que les dejaron boquiabiertos, y que en 1916 fue declarado monumento nacional. La restauración se inició en 1932 y culminó en 1980.
Y allí estábamos nosotros, descifrando, con la ayuda de la guía, una joven amable y preparada, las claves de “el mayor de los templos mozárabes conservados (unos 30 metros de largo y 15 de ancho en el crucero) y uno de los más notables”, “construido por monjes cordobeses, como indica este arco simulado en blanco y rojo, sobre la puerta de la sacristía, de manera semejante a los edificios musulmanes”. Avanzando por la nave central y girando oportunamente la vista fuimos descubriendo la armonía de la planta, organizada de forma simétrica y equilibrada, aquel espacio diáfano y al mismo tiempo rico en componentes arquitectónicos.


Aparece fácilmente "legible"


Para nuestra satisfacción, San Cebrián de Mazote aparecía fácilmente “legible”. La forma del arco de herradura aparecía omnipresente: en los dobles tramos de columnas que organizan las naves, en la articulación de éstas con el transepto, el cimborrio, el ábside y contraábside, en las ventanas abiertas a ambos lados de la nave central, en fin hasta en las plantas de las pequeñas estancias: ábsides, iconostasio y extremos del crucero. Pero esta insistencia pasaba casi desapercibida al mismo tiempo que articulaba todos los componentes de la basílica (como resaltan los trazados de planta y alzada que reproducimos). Y las bóvedas, ¡ah, las bóvedas! Como el término indica, representan la bóveda celeste. Bóvedas de arista, bóvedas “gallonadas”... A cual más hermosa, coronando todos los pequeños pero esenciales espacios del templo .
Las reconstrucciones historicistas siempre te hacen dudar; pero aquellas columnas con aquellos fustes y capiteles, junto a otros elementos menores, eran auténticas. Como auténticos eran los espacios organizados de forma tan sabia, y el aire húmedo, la penumbra de aquel día nublado y el intenso frío que también nosotros encontramos. Los siglos han pasado, los monjes cordobeses también; pero esta penumbra silenciosa y este frío inmisericorde de los templos rurales (que los castellanos de pueblo conocemos tan bien) no tienen nada de “virtual” y permanecen.
Leer requiere reconocer los detalles y descubrir el significado global del texto. O sea que a nuestra “lectura” le faltaba lo principal: Imaginar por un momento el misterio de la iconostasis, los cálidos efluvios de las velas y los ecos de los cantos a coro vagando entre las naves y bóvedas, y los movimientos de quienes allí se reunían en siglos remotos, sus idas y venidas entre ábside y contraábside, con su liturgia y su prosodia mozárabes (en alguna parte he leído que la liturgia mozárabe era peculiar; por ejemplo, requería un ábside en la cabecera del templo y otra en los pies). Para ayudarnos a reconocer los detalles estaba la señorita que hacía de guía; pero la imaginación debía volar a cuenta de cada uno.
En fin, el tiempo pasaba volando y Fuencisla hubo de recordarnos que nos esperaban en La Espina. Continuamos el viaje.


3.

El monasterio de La Espina existe porque la infanta Dña. Sancha lo fundó. Con este fin viajó al sur de Francia para entrevistarse con Bernardo de Claraval y pedirle que los monjes cistercienses se instalaran en este pequeño valle, un rincón con arboledas, regado por el arroyo Bajoz, situado en las estribaciones de los Montes Torozos. Corría el año 1147.


Monasterio de La espina
Como ya sabemos, Dña. Sancha era una mujer de mucha iniciativa y muy viajera. Y donde no llegaba con los viajes llegaba con las misivas. Se dice, aunque con reservas, que viajó a Tierra Santa y que de allí trajo reliquias (una santa espina y un dedo de San Pedro); y desde luego está contrastado que viajaba con frecuencia por los reinos de Castilla y León. Estaba al corriente de las modas pues los cistercienses acababan de aparecer, y desde luego no sucumbió a la presión de los localismos. Los monjes que venían de fuera trajeron el culto romano el cual acabó con la liturgia mozárabe (o visigótica o hispánica) porque era más fuerte ya que estaba apoyado por la autoridad competente; pero eso parece ley de vida (sospecho que algún lector estará pensando que lo mismo ha pasado con los cangrejos de río).
El monasterio, por su parte, reconoció la generosidad de Dña. Sancha, mujer piadosa, como hemos visto. Debido a los saqueos desaparecieron prácticamente en su totalidad los retablos, esculturas y pinturas del monasterio; pero se sabe que existía una estatua de alabastro de nuestra infanta arrodillada a un lado de la capilla mayor. El padre Yepes, un monje del siglo XVII, comentaba que antiguamente se hallaban escritos en muchas partes del monasterio dos versos que decían así:

“Petit, aedíficat, ditat, protegit, aperit
Santia, Bernardus per Nibardum, Alfonsus, Spinea Corona, Petrus”

Para entender el galimatías hay que hacer corresponder los nombres del segundo verso con los verbos del primero: Sancha pide; Bernardo por Nibardo (éste es el fraile que envió aquél) edifica; Alfonso (el rey, hermano de Sancha) enriquece; la corona de espinas (la reliquia) protege; San Pedro abre (tras bajar el dedo).
La infanta Dña. Sancha fundó el monasterio de La Espina y el hermano Saturnino nos lo mostró. Efectivamente, ejerciendo de guía, nuestro Hno. Saturnino recibió al grupo a la entrada y frente al claustro de la hospedería, y avanzando a través del amplísimo y larguísimo corredor de los dos claustros, el de la hospedería y el reglar (del convento), nos fue explicando los aspectos generales del monasterio y los detalles de los antiguos enterramientos o lucillos (lucillos: urna de piedra…) e inscripciones del muro que llevábamos a nuestra derecha, camino de la sala capitular.


Claustro románico
-“Las partes más antiguas que se conservan de tradición románica son, sin embargo, del siglo XIII (tardorrománicas). De este tiempo y estilo es la sala capitular que brilla con luz propia por su belleza, y también la pequeña sacristía, la pequeña dependencia que servía de biblioteca (armariolum) y la portada románica del muro septentrional del crucero. La sala capitular se aboveda con crucería apoyada en cuatro columnas exentas y en columnas adosadas a los muros. Los ventanales son muy hermosos”.
Tanto a la entrada como en el interior de ésta, la sala capitular, nos fue presentando los datos claves de tipo arquitectónico y los aspectos más llamativos de la vida monacal. No omitía anécdotas ni enunciados escatológicos, por ejemplo para explicarnos por qué el rebordillo de las paredes de la sala capitular con toda probabilidad no era usado como asiento por los monjes: “Ni en invierno ni en verano pongas sobre piedra el …”. Posó con nosotros para la foto de grupo ante la portada románica del muro septentrional del crucero y nos guió hacia la iglesia cuya monumentalidad nos impresionó verdaderamente. Se detuvo en la capilla de los Vega pues realmente es digna de admiración y ante la capilla de la Santa Espina sacó una, una espina larga y puntiaguda del bolsillo, para ayudarnos a imaginar tanto la reliquia como la naturaleza y uso de una corona de espinas, haciendo gala de lo que debe ser la anticipación del material en la clase magisterial que se va a impartir. Finalmente recorrimos las espaciosas naves hasta llegar al fondo del templo. Desde allí pudimos contemplar su amplia perspectiva hacia el cimborrio y la capilla mayor .
Como ya nos había ocurrido, aunque en menor escala, con San Cebrián y nos ocurriría con la ermita de la Anunciada y los demás monumentos, las proporciones y monumentalidad del monasterio sobrepasaban en gran manera lo que habíamos imaginado, al menos en mi caso y a la vista de las fotografías que había contemplado en internet. Su arco de entrada, datado en 1574, tiene las dimensiones y características de un arco de triunfo; los dos claustros, la fachada y torres de la iglesia y la dimensión de sus tres naves y crucero, sus bóvedas y cimborrio, y sus capillas, no desmerecen de los de una catedral .


4.


Era mediodía cuando llegamos al pie de la muralla de Urueña; pero continuamos sin detenernos, dejándola a un lado y bajando por la ladera, hacia la ermita de Santa María de la Anunciada, primer románico del siglo XII, cuya visita teníamos prevista para antes de comer, y donde ya nos esperaba el guía.



Santa María de la Anunciata, románico del siglo XII:
blanca piedra por fuera con el dorado de la claridad
exterior...

No sólo es que se encuentre “fuera del recinto amurallado”; sino bien abajo en el valle. Tampoco es una ermita de pequeñas proporciones como las que estamos acostumbrados a ver en las afueras de los pueblos; es un templo de tres naves, “levantado con gran empeño monumental”, añado yo. Como ya hemos señalado fue nuestra Dña. Sancha quien transformó el monasterio mozárabe preexistente en el bello templo actual. Dice el cartel de la entrada: “El templo es una joya del románico catalán del siglo XII, único en Castilla y León, de sillarejo, con arquillos ciegos y bandas lombardas. De tres naves sobre pilares cruciformes y bóvedas de cañón, con crucero y cimborrio que aloja cúpula sobre trompas. La cabecera se remata en tres bellos ábsides semicirculares, el central mayor”.
Si el exterior de San Cebrián de Mazote “engaña” porque no hace vislumbrar su maravilloso interior, el exterior de Santa María de la Anunciada causa admiración. Causa admiración la visión de su conjunto, como un monumento que es pura proporción y armonía de volúmenes superpuestos para manifestar verticalidad desde una base con un sosegado apeo horizontal. La piedra caliza, de un tonalidad blanca no exenta de belleza, viene tallada en pequeños cubos idénticos (“en sillarejo”), cada uno de los cuales anticipa, con su forma y tamaño, la forma y tamaño de los volúmenes que bellamente articulados constituyen el edificio en su conjunto. La admiración persiste al penetrar en su interior: blanca piedra por fuera con el dorado de la claridad exterior y blanca piedra por dentro con el pálido de la penumbra; sin más aditamentos: una maravilla.



Cúpula. Románico catalán en Urueña:
blanca piedra por dentro con el pálido de la penumbra.

Santa María de la Anunciada de Ureña es una “construcción exótica” para el territorio de Castilla y León, del primer románico, nos dice Bango Torviso . Y prosigue: “Es obra de constructores catalanes, buenos conocedores de su oficio. El que llegaran cuadrillas de canteros de Cataluña tal vez se deba a las estrechas relaciones de ciertas familias nobles castellanas, como los Ansúrez, con la nobleza catalana, o a la presencia de obispos de origen francés o catalán en la región (en esta caso en la diócesis de Palencia)”. La cuadrilla de canteros catalanes que la construyó demuestra “un lenguaje arquitectónico de calidad, donde el léxico y la sintaxis muestran dominio del estilo y su técnica”, dice Bango Torviso . Vamos, que estos canteros dominaban el estilo y cada uno de sus estilemas más pertinentes.
Pero mencionar sólo los detalles, es decir, el sillarejo, las bandas lombardas o fajas verticales y los arquillos ciegos, sin más, me temo que es quedarse en las letras sin llegar a las palabras y la frase; en los grafemas…sin llegar al significado. Los constructores, en el románico, además de levantar las paredes de forma consistente, buscaban algo más: articular los muros y paramentos, romper al mismo tiempo la monotonía, conseguir efectos lumínicos en la tosca piedra, animar un diálogo de la claridad y las sombras, expresar el ritmo del canto litúrgico. Un recurso articulatorio frecuente era el empleo de series de arquillos decorativos en la parte superior que se prolongan hasta el suelo cada cierto número (con un ritmo: de dos en dos, de tres en tres…) mediante bandas o pilastrillas.
Así la superficie del muro se ve rota por elementos en resalte, tanto horizontal como verticalmente. “En algunos casos, la búsqueda de efectos lumínicos, profundizando en unas sombras más acusadas, hace que se dispongan nichos ciegos en la parte superior de los muros”, Bango Torviso .
En fin, no se puede negar que las cuadrillas de canteros del románico hacían todo lo que podían para impresionar al personal con sus escasísimos medios. El autor citado nos da una pista para situarnos en los precedentes: “Todos estos recursos constituyen una fórmula bien conocida por la arquitectura romana”.
Según la psicología de la lectura , accedemos al texto (perdón, al monumento u obra artística) bien por la ruta directa o visual (buscando la imagen global), bien por la ruta indirecta (partiendo de los detalles). Pues bien, para contemplar la ermita de la Anunciada, podríamos acudir, ya que somos personas conciliadoras, a las dos rutas: a la ruta indirecta para contemplarla por fuera, y a la ruta directa para contemplarla por dentro. Por fuera partiríamos del análisis de los múltiples volúmenes superpuestos para llegar al equilibrado conjunto total en el que los volúmenes de abajo soportan sin quejarse la presión de los de arriba; del análisis de los arquillos, franjas lombardas y nichos ciegos que, vistos como un todo, cantan el gregoriano a coro y sin desafinar. Por dentro se impone sin duda la ruta directa o visual: a la vista le invade de forma inevitable un solo y divino espacio, un solo ámbito amparado por bóvedas de piedra incolora, finito e infinito al mismo tiempo. Ello no obsta para que reparemos también en los componentes: arcos de medio punto, bóvedas de cañón en las naves, de horno en el hemiciclo del ábside, cúpula en el cimborrio, pilastras y esbeltos nichos que dan dinamismo al paramento, cubiertas pétreas…Pero todos estos elementos se tornan invisibles ante el vigor del espacio del templo como un todo.
Nos preguntamos:
-¿Cómo se han podido articular de forma tan misteriosa esas dos superficies opuestas, convexa y cóncava, ese exterior y ese interior?
La respuesta es sólo una:
-¡Ah, la pericia de los constructores…!

5.



Murallas de Urueña


La Urueña histórica se asoma casi intacta a la modernidad desde el túnel del tiempo. La imagen del castillo que aparece en los antiguos manuales, de cuando se inventó la fotografía, no es muy diferente de la actual. Castillo y muralla presentaron durante siglos ese aspecto renegrido tan característico, como de inmensos montones de cantos rodados a punto de desmoronarse. Pero se mantuvieron en pie. Para bien o para mal cumplían una función. Hoy, con mejor aspecto, son parte esencial de la imagen vigorosa de la villa, de su legibilidad física, contiguos a enclaves y monumentos de gran interés, contemplados por gente interesante que se ha afincado en la localidad, balcones de panorámicas notables e inolvidables en una tarde nublada de abril, el día de nuestro viaje.
Me han comentado gentes de la zona que la Junta de Castilla y León se ha empleado a fondo en la rehabilitación de la villa; personajes interesantes y conocidos por sus méritos artísticos como Joaquí Díaz, Amacio Prada y Luis Delgado hace tiempo que han recalado en su recinto; se han instalado algunos talleres y estudios, museos y fundaciones, dos casas rurales, y libreros y más libreros. Como dice su Alcalde (Pérez-Minayo), Urueña encierra entre sus murallas etnografía, música, tradición, cultura editorial y nuevas iniciativas que la convierten en la primera Villa del Libro de España, sin olvidar el calor de sus gentes, el sabor de sus calles medievales y la nobleza de sus monumentos, “y con una de las mejores puestas de sol de todo Valladolid”.
Todo ello tiene un “efecto de llamada”. La verdad es que a Urueña no le falta historia y tampoco geografía pues equidista de Toro, Tordesillas, Medina de Rioseco, Benavente, Valladolid y Zamora. Gracias a la autovía próxima está bien comunicada con las largas distancias. Aparecen viajeros de paso, y entre ellos, nosotros, como visitantes encantados de la vida y dispuestos a admirar las nuevas iniciativas.
Tras comer en el corro de San Andrés Eva nos recordó el programa de la tarde. En grupos informales dedicamos el tiempo de sobremesa a pasear por la calle Real, desde la puerta de la Villa a la del Azogue. Nos asomamos a la plaza mayor, recorrimos las calles de Cuatro Esquinas, Costanilla, del Oro y el corro de Santo Domingo, todo ello sin abandonar el recinto amurallado y localizando cada una de las numerosas librerías, Alcaraván, Alcuino Caligrafía, etc. Cuando se acercó la hora de la cita con el guía oficial retornamos a la plaza mayor.


El guía a la intemperie; nosotros,
bajo paraguas.



Con el guía nos asomamos al valle de la ermita por la puerta de la Villa, que da al sur, al abrigo de la inmensa muralla que, no obstante, no pudo ampararnos de la llovizna que caía en aquellos momentos. El campo estaba todo verde, como corresponde a una tierra de cereales en el mes de abril.
La prehistoria de estos enclaves nos traslada hasta los primeros asentamientos vacceos (“ur” significa agua; “onna”, fuente o arroyo). En la ladera del cerro existe desde la antigüedad un manantial de aguas limpias del que se fue surtiendo la población a lo largo de los siglos. El guía que nos acompañaba nos recordó, ante dicha ladera, el enorme trabajo que supuso durante generaciones y generaciones, hasta los años 50 del siglo XX, el acarreo del agua, cuesta arriba, desde el manantial hasta las casas. “Ur”, agua, más que un artículo del que presumir, debió ser siempre un gran problema para los de aquí.
Volvimos sobre nuestros pasos y por el corro de Santo Domingo llegamos frente al castillo y el “lavajo”. El “lavajo” -charca de agua de lluvia que raramente se seca, según el diccionario- ha sido ahora recuperado al pie de la muralla de forma simbólica y aséptica. Antiguamente más que una solución tal vez fue una fuente de problemas añadidos de insalubridad. Hoy aparece como el símbolo de un oasis en lo alto de la paramera.
Por la calle real y dejando a nuestra izquierda la Casona (edificio en el que Joaquín Díaz “ha sentado sus reales”) llegamos a Sta. María del Azogue (situada junto a la otra puerta de la muralla, al norte) en cuyo interior penetramos. Tiene ábside gótico y una nave renacentista. “Se aprecia una reforma barroca incompleta”, tan incompleta que contribuye a un conjunto que me pareció muy despropocionado. Si su cuadrilla de constructores tenía un plan, no lo pudo llevar a cabo. Da la impresión de un inmenso almacén, con dos inmensos arcos de medio punto en piedra que en sí son admirables, pero a los que les falta un conjunto adecuado: ¿Dónde están las naves y bóvedas de estos arcos? En lo alto del coro y camino del campanario aparecía una escalera de madera obscura que me recordaba la del “Edificio”- biblioteca del Nombre de la Rosa (novela y film), levantada en el vacío, con un aspecto tan precario que daba vértigo sólo pensar en trepar por ella.
Visitamos el interesante museo de instrumentos musicales de Luis Delgado con el oportuno asesoramiento de su amable guía; pero pendientes del reloj, algunos nos escabullimos para vivir los momentos más esperados del viaje: el paseo por el adarve de la muralla para contemplar a media tarde la inmensidad de la Tierra de Campos, “con una de las mejores puestas de sol de todo Valladolid”, como ya sabemos que dice su alcalde.

Tierra de Campos desde Urueña.

El panorama era espléndido: la llanura, los campos verdes, el sol intentando penetrar entre las nubes, el juego de la claridad y las sombras sobre los sembrados. La línea del horizonte se perdía en la inmensidad de la Tierra de Campos. A los pies de la muralla, extramuros, hay un sendero que se advierte muy frecuentado. Durante siglos los campesinos y lo señores de rango lo habrán paseado en el buen tiempo para contemplar atardeceres similares al que nostros estábamos contemplando, mientras sus mujeres y criadas subían la cuesta con los calderos de agua. Ante estas puestas de sol en el siglo XII, la Reina Urraca y su hija mayor Dña. Sancha darían vueltas a los asuntos de estado en un reinado que fue tormentoso pues a la Reina Urraca no se lo pusieron nada fácil, sobre todo los gallegos del conde de Traba y del Arzobispo Gelmírez. Aquí Urraca confiaría a Sancha los secretos de su segundo matrimonio con Alfonso I de Aragón, que desde el principio fue también tormentoso y que acabó al primer año como el rosario de la aurora. Puede que aquí Dña. Sancha, que contaba entonces con 19 años, tomara la poco frecuente decisión de no casarse. (Recordemos que nuestra infanta ni se casó ni se metió a monja; que fue soltera y orientadora). Por este mismo adarve ya en el siglo XIV pasearía al atardecer Pedro I el Cruel, no con su esposa Blanca de Borbón a la que dejó plantada a los tres días de casados; sino con su amor permanente, María de Padilla, “muy fermosa, e de buen entendimiento e pequeña de cuerpo” según la Chrónica de la época. Según mis cálculos se debieron conocer cuando eran unos mozuelos de 17 años. La enigmática psicología de Pedro debió ser un caso aparte. Ella, a quien Pedro mantenía en Urueña medio secuestrada, procedía de la merindad de Castrojeriz y al morir fue enterrada en las Clarisas de Astudillo, antes de ser incinerada en la Catedral de Sevilla donde ahora descansan ambos amantes.

6.

Virila, monje en el monasterio de Leire que vivió entre los años 870 y 950, tiene en Urueña un hermoso bajorrelieve. Schiacciato, dicen los italianos desde Donatello. Exactamente, en el corro de San Andrés. Aparece soñando ante un libro y así se desvela el misterio: A Virila se le pasó el tiempo en un instante, nada menos que 300 años, porque estaba leyendo y escuchando música frente a la ventana del jardín (cantaba un jilguero) –tres placeres delicados. Por eso aquí, en la ciudad de los libros, tiene su icono.
Muy cerca está la librería Alcaraván que regenta Jesús desde hace 17 años. Fue el primero en instalarse en Urueña. Ahora que Urueña es Villa del libro desde hace dos años resulta evidente que Jesús cuando llegó, como los monjes cordobeses de San Cebrián y la cuadrilla de canteros catalanes de La Anunciada, tenía un plan.



Fray Virila
Todo empezó en Gales en 1961, según podemos leer en internet. Richard Booth, un joven de 23 años, recién licenciado en Historia en Oxford, compró las ruinas de un castillo para crear una librería, en Hay-on-Wye, apacible localidad a orillas del río Wye. Cuando comenzó a convertir las casas abandonadas en librerías, los vecinos predijeron que no duraría ni tres meses: -“Nadie lee libros en Hay”. Fue un éxito (37 librerías en un pueblo que no llega a 2.000 habitantes). Hoy hay en Europa 22 villas del libro; y también en Japón, Canadá, EE.UU., Malasia, etc.etc.
Si Virila tiene un “schiacciato” en el corro de San Andrés, Alcuino tiene una librería/taller en la calle Nueva, “Alcuino Caligrafía”.
Alcuino de York vivió casi un siglo antes que Virila, aunque parezca mentira, exactamente entre los años 735 y 804. Con ellos retrocedemos tal cantidad de siglos en el friso de la historia que los tiempos de Dña. Sancha se nos aproximan a la semana pasada. Pero en la Villa del Libro si uno representa la lectura el otro representa la escritura. Alcuino, erudito y pedagogo anglosajón, fundó la Academia Palatina e inició la recuperación y preservación de los textos antiguos en la corte de Aquisgrán, previo un encuentro con el emperador Carlomagno en 781 (coincidieron ambos en Parma con ocasión de un viaje). Escribió diversos tratados, uno, “De Orthografía” y, sobre todo, dirigió la copia y caligrafiado de los textos antiguos. De ahí que se le haya asociado a la caligrafía a través de los siglos. Hoy tal vez hubiera fundado un taller de escritura para ese fin. Además son famosas sus cartas, algunas dirigidas al emperador para “cantarle las cuarenta”. Se conservan más de dos centenares y son valiosas fuentes de información sobre la vida en aquel tiempo.


Puerta al campo
Paradojas de la historia: las cartas de Dña. Sancha, escritas cuatro siglos después que las de Alcuino, no se conservan. No obstante y aunque la relevancia cultural de ambos no sea comparable, y cometiendo la osadía de saltarnos cuatro siglos “así como así”, recordemos, por el afecto que ya le hemos tomado, que también ella, a imitación de Alcuino, fue consejera de reyes y pedagoga (“tenía grande e saludable sentido del consejo”), y amante de los viajes y del intercambio epistolar.
“Alcuino caligrafía”, “Alcuino scriptorium” en Urueña nos ofrecen los recursos del noble arte de los “pendolistas” . Pergaminos de Pérgamo, papiros de Egipto y Etiopía, plumas de ave, cálamos de bambú, tintas de variados colores, pinceles de borde ancho, finas acuarelas… Escritura gótica, caligrafía carolingia, caligrafía antigua, escritura mayúscula romana y otras “fuentes”… (No mencionan la humilde caligrafía americana. No será porque le dedicáramos pocas horas de práctica en el colegio: -“Ahora toca media hora de caligrafía americana”). Cuadernos para la educación del gesto gráfico; de tratamiento de grafías y disgrafías. En fin, escritura como caligrafía y como composición de textos. Taller de escritura…

7.

Dejamos la Villa del libro con un buen par de alforjas para el viaje en general: La lectura y la escritura. Hay quien sostiene que ambas actividades son complementarias y que leer nos lleva, debe llevarnos, a escribir. Leer es descifrar y escribir es expresar: la comunicación es ese viaje de ida y vuelta. Claro que si “leer letras en una página no es más que una de las muchas formas de leer”, escribir letras en una página no será más que una de las muchas maneras de escribir… Escribe el que dibuja, el que toca un instrumento musical, escribe el labrador cuando ara, escribimos con nuestros pies sobre la nieve …
No obstante, si bien disponemos del hábito de la lectura, el de la escritura, el de la escritura convencional de Alcuino, se nos resiste un poco; como el de hacer gimnasia por las mañanas.
En nuestro descargo es preciso decir que si bien la informática nos resuelve los pequeños problemas de escritura, el plantear la escritura en todo su alcance, por ejemplo tal como la modelan Flower y Hayes , y mantener todas esas pelotas en el aire como hace el malabarista, es otro cantar. Tener delante los materiales esparcidos por el suelo no es suficiente; como los monjes cordobeses y los canteros catalanes necesitamos un plan. De no ser así el texto resultará algo caótico.
Afirma Cervantes en El amante liberal: -“Lo que se sabe sentir se sabe decir” . La frase me deja pensativo pues tal vez apunta al nudo de la cuestión. Según esto, la escritura no tendría por qué ser complicada: lo que se sabe sentir se sabe decir.
Vamos ya de vuelta hacia Madrid. Instalados cómodamente en el autocar, suena una música tibetana a cargo de los instrumentos más exóticos que acabamos de ver en el museo. El sol sale donde y cuando las nubes le dejan. Mi compañera de asiento, Antonia, me señala el arco iris que se levanta a nuestra izquierda entre las nubes y sobre los sembrados que verdean en la meseta castellana. Intentamos sacarle una foto con la cámara digital; pero no hay manera. El arco iris es poco intenso y la cámara no lo capta.
Leemos en voz alta un texto del ya citado Alberto Manguel, en Una historia de la lectura: “Con un brazo caído…”. El bello texto lleva por título: “Comunidad de lectores: el lector no está solo…”
Vuelve la música. Repasamos los prospectos informativos que hemos recogido en las paradas y acuden a nuestra mente las explicaciones de los guías, los personajes por ellos evocados: nombres sonoros de personajes históricos, nombres de personajes actuales…
Antes de salir de “Alcaraván” he preguntado a Jesús, el librero, por un libro que viene reseñado en la última revista de Muface. El título es “Anochece y aún no he leído todos los libros”. No he podido verlo; pero a falta de más información bien se puede decir que el título es un libro en sí. El autor lo presenta con las palabras de Montaigne: “Los libros son la mejores provisiones que he encontrado para este viaje de la vida”.
Por lo que se ve, aquí todos vamos de viaje. No sé si con tan buena organización como la de éste que ahora termina.
En fin, hemos llegado a la parada final y toca despedirse:
-Anochece y aún no hemos leído todos los libros; anochece y aún no hemos escrito todo lo que sabemos sentir y sabemos decir.

Francisco Alonso Crespo
Tres Cantos, Primavera de 2009.

Capitel romano en la basílica mozárabe

LA IMPORTANCIA DE LAS PAMPLINAS: Grato recuerdo de una excursión botánica.





LA IMPORTANCIA DE LAS PAMPLINAS

Grato recuerdo de una excursión botánica

Fco. Alonso Crespo.
 


Las pamplinas

¿Sabían Ustedes que las pamplinas son unas florecillas blancas de vida breve, propias de sitios húmedos?

Era la Jornada botánica en el Valle de la Fuenfría del Domingo, 1 de Junio de 2008, organizada por Aire Libre del Ateneo, con el apoyo logístico (incluidas las gaitas, el vino y los frutos secos) del Centro de Educación Ambiental de Cercedilla. El día ligeramente nublado mostraba la vegetación característica de una primavera lluviosa en todo su esplendor.

Nuestros sabios, Sole y José Luis, nos guiaban por los diversos senderos botánicos del valle mostrándonos la flora con mucha pedagogía, acá la retama, allá el aligustre, acullá el cinamomo, y aquel árbol, aquel elegante árbol, el serval blanco… cuando, señalando con el garrote unas flores diminutas en su medio silvestre, dictaminaron con precisión:

-Estas son pamplinas, plantas papaveráceas, de hojas pequeñas y flores blancas, propias de lugares húmedos, de carácter anual. Así la Stellaria media, utilizada en medicina y como alimento de pájaros.

Los asiduos a las excursiones botánicas anuales del Ateneo son personas de mucha ilustración (como el Alcalde de Pamplona: "el alcalde de Pamplona tiene mucha ilustración pues sabe tocar el xistu y también el acordeón") y no dieron apenas importancia a la aparición de aquel hermoso, casual e inesperado macizo de pamplinas. Por mi parte, si bien había reconocido con agrado las otras plantas (el cinamomo, por ejemplo, me evocaba aromas bíblicos), descubrí por primera vez éstas, las pamplinas, con emoción y curiosidad. Quedé sorprendido y perplejo ante el significado original de una palabra cuyo otro significado, el figurado, me era tan familiar y entrañable.


Parque de La Fuenfría en Cercedilla

“No me vengas con pamplinas”es una expresión familiar que allí no venía al caso, por mucha confianza que reinara en el ambiente.

Lógicamente, era cosa de consultar el diccionario.

El diccionario (que no se anda con pamplinas) nos pone al corriente con gran precisión: Pamplina: cosa de poca entidad, cosa de poca importancia (éste como sentido figurado y tras aportar el original: “planta papaverácea…”). Y añade: Pamplinero: que dirige alabanzas o cumplidos sin sentir realmente lo que dice. Pamplinoso: que gusta de que le gasten cumplidos, que hace aspavientos o melindres, zalamero. (Sigue con Pamplonica; pero evidentemente no hace al caso).

Las especies vegetales y animales han bautizado a sus criaturas con unos nombres que nosotros los humanos utilizamos con diversos significados, sorprendentes por su relación con el original. ¿Quién fue el primero en tener la feliz ocurrencia de calificar de pamplinas las disculpas de los niños cuando se hacen los remolones? Desde el siglo XIV tenemos el papamoscas en la catedral burgalesa. Pero los burgaleses, gente asímismo de mucha ilustración, sabemos (gracias a los carteles del Parque de Fuentes Blancas) que desde los tiempos del Arca de Noé tenemos también un pájaro, el papamoscas, que las caza al vuelo. Es el papamoscas cerrojillo (Ficedula hypoleuca) para más señas, que las caza al vuelo con tanta habilidad que en tiempos era domesticado para librar a la casa de las moscas, y que revolotea en nuestras arboledas junto al herrerillo capuchino y el pájaro picapinos o carpintero los cuales se dedican a sus respectivos oficios, según su nombre indica.

Excursión botánica


La analogía, la metáfora y, de forma genérica, las comparaciones ingeniosas, bien pudieron estar en el origen de estos polisémicos. De la reina Dña. Urraca y de la urraca siempre se ha sospechado que tenían algo en común: que eran amigas de lo ajeno.

Debido a estos dobles significados hablamos, siempre con discreción, de pensamientos y pensamientos, de pamplinas y pamplinas... de pájaros y pájaros, de zorros y zorros, de zapateros y zapateros… y así sucesivamente. De este modo en las conversaciones, tanto si hablamos como si escuchamos, la imaginación de cada uno acude al significado que más le apetece, sin que se sepa qué significado elige cada cual en su fuero interno. Ello añade emoción a la comunicación entre humanos.

Analizando estas divertidas cosas nos entra la duda de si las pamplinas son como las palabras o las palabras son como las pamplinas; pero lo que sí sabemos es que “las palabras son como las cerezas”: de pamplina a pamema; de papamoscas a papanatas, paparruchas, papamóvil (disculpen, esta última cereza es de otra cesta)…

Por lo dicho hasta aquí, se impone la discreción y la cordura.

Así, siguiendo los consejos de aquel Gracián del siglo de oro, en el amigable trato obsequiamos a nuestras amistades con pensamientos, pamplinas o paparruchas, según lo requiere la ocasión. Igualmente somos discretos cuando decimos “mujer, los pensamientos de su hortus clausus activan mis lóbulos frontales (del neocórtex) y me recuerdan la brevedad de la vida”o cuando se dice “a este zapatero le falta un hervor”(no seré yo quien lo diga, obviamente; más bien diré “me gusta el zapatero al pil-pil”).

Con este sentido de la cordura, un juez no exclamará ante las excusas del ladrón de pepinos: -¡Pamplinas! Más bien dirá: -¡Quien se excusa se acusa, colega! En situación similar el presidente del tribunal que califica una tesis doctoral en que por fin se demuestra la cuadratura del círculo, con argumentos descolgados de internet, “plausibles aunque no definitivos” (pues en la ciencia nada es definitivo), tampoco exclamará: -¡Pamplinas! ¡Paparruchas! ¡Se la voy a suspender, como hicieron con la de Julián Marías, padre! Más bien dirá: -Navegue, navegue por internet, caballero; llegará Ud lejos. Igualmente el sesudo académico, cuando le preguntan por la palabra más hermosa, no dirá: -¡Pamplinas! Dirá: -¡Intransigencia! No creerá Ud que se la regalo, ciudadano; sólo se la presto pues la necesito para mi escala de valores.

Pero no siempre se es tan discreto.

Era una dinámica de grupo de casadas/os confortables y solteronas/es empedernidas/os (en adelante, CCs y SEs)3. El tema del día era (cosa rara) el de las propias cuitas y pesares. Aquello parecía el muro de las lamentaciones. CCs y SEs, todos a la vez, escuchando cada cual únicamente su propio lamento, exponían sus achaques y desengaños amorosos. Nervioso y perdido su buen talante (porque a él tampoco le escuchaba nadie) el coachman gritó: -¡¡¡Pamplinas!!!

CCs y SEs guardaron silencio y le miraron indignados ante semejante falta de tacto psicológico. El protagonista se repuso y continuó en tono asertivo:

-Pamplinas... ¿Sabían Ustedes que las pamplinas son unas diminutas florecillas de vida breve, utilizadas en medicina y como comida de pájaros? Unas son blancas, otras amarillas; pero las más aristocráticas son las Pamplinas de Agua (Samolus valerandi), la crème de la crème de las pamplinas… Y ni Salomón con toda su gloria… De ahí aquello de (y comenzó a declamar):

Dulces querellas, rosas fugaces… / acuáticas pamplinas, tus quejas…

Ante semejante erudición, CCs y SEs poco a poco (… slowly…) fueron deponiendo su cara de cabreo.

-Bien es verdad que las pamplinas son también, sólo en sentido figurado claro está, cosas de poca entidad; que cuando son cosa fútil a la que se quiere dar importancia reciben el nombre de pamemas, cosas de uno a las que los demás consideran paparruchas; “silly thing”, “nonsense”, al decir de los ingleses,“chose futile”, al decir de los franceses; y que pamplinoso es el que hace aspavientos o melindres,“zalamero”,“sweet-talking”, “vétilleur”, que se ahoga en un vaso de agua, por así decir.

Ante estas explicaciones, CCs y SEs se fueron instalando cómodamente (como era de suponer) en el significado original de la expresión, descartando las complicaciones de los significados figurados (por una cuestión de salud mental). Por ello el coachman continuó:

-No obstante, como hemos de proponer un tema para la próxima sesión, tengo una idea. No será “la pamela de Palmira” ni “el foulard de Isadora”ni “las ruinas de Pompeya”, temas ya agotados. Para evitar profundidades excesivas, tampoco será el de aquella frase de un viejo libro de ortografía para carteros rurales: “Un perro perdiguero persigue a una perturbada perdiz con persistencia pertinaz”. Recuerdo esta frase de los tiempos del Nocturno (en la escuela, calle Cantarranas, de un pueblo soriano) de cuya profundidad aún no he tocado el fondo después de 40 años: Todavía no he averiguado si su autor quería demostrar que las palabras son como las cerezas, o la cuadratura del círculo, o si quería reformular la teoría de Freud… (o si eran simplemente ganas de fastidiar).

El tema que les propongo a Ustedes, el tema, digo, será “la importancia de las pamplinas”. Y para ilustrarse de forma adecuada les sugiero que no se pierdan la próxima Jornada Botánica del Ateneo, de efectos saludables y presumiblemente terapéuticos, aunque no definitivos; pues en terapia, como en la ciencia, nada es definitivo.



Francisco Alonso.
Burgos, Verano de 2008