Contrastes de verano
(Desde lo profundo de mi hipotálamo)
Guión:
1. El templo gótico y el mar.
2. El efecto "bermudas".
3. Levitar es flotar en el aire por medios místicos.
4. Despedida “templaria” en el solsticio de verano.
5. PD.
1. El templo gótico y el mar
Huyo de la luz cegadora del sol y el calor abrasador de la acera y, ¡cataplaf!, me cuelo ligero en la pequeña iglesia de las Doroteas como aquél que se da un chapuzón.
Entrar en verano en un templo gótico burgalés es como entrar en el mar.
Sumergido en la penumbra bajo las bóvedas de crucería de este pequeño templo, vas contemplando el sol de la mañana, que al pasar por las vidrieras, crea las luces y sombras que se mueven por las paredes y agita los brillos que bailan en el aire. Aquí ves los juegos de la luz solar tal como los contemplas si te sumerges en el agua marina (con gafas de piscina, perdón por el ripio), moviéndote entre algas y bancos de peces plateados.
Pero éstas, con ser señales placenteras, son sólo impresiones luminosas, y, como tales, superficiales al fin y al cabo.
2. El efecto "bermudas"
Tras los primeros instantes surge la mayor sensación: la inmersión en un ambiente con diez grados, por lo menos, de diferencia en la temperatura respecto al calor sofocante de la calle.
Esta vieja construcción de piedra tiene una particularidad: Es una nevera, tan terrible en invierno que puedes coger una pulmonía en menos de tres minutos, como grata en verano. La explicación es de pura lógica: Junto a sus cimientos pasa una esgueva, ahora soterrada, que lleva al Arlanzón las aguas del vallejo de Cardeñajimeno. Y en estas tierras ya se sabe: donde hay agua en el subsuelo el frío en invierno es inmisericorde, al menos hasta ahora.
No me pidas, lector o lectora, que me ahorre los detalles. No en esta ocasión... La frescura comienza a invadirte por los muslos. Las amplitudes del pantalón corto convocan al aire fresco que surge del enlosado milenario y asciende, con un ligero escalofrío, hasta tu "arco conopial con cogollos", o hasta tu "arcosolio" si lo prefieres; y si se me permite expresarme a tono con el estilo arquitectónico del templo.
El estremecimiento general de tu cuerpo convoca a tu sentido del tacto a diana floreada, despierta los pelillos de la piel que se erizan, estimula las cosquillitas que surgen por doquier para sorpresa de tu veterano equipamiento.
Los brazos, como las rodillas, la nuca, lóbulos, pómulos y tendones... despiertan y vibran con ligeros temblores.
-"¡Santo Dios, una orgía tan general y vibrante sólo puede surgir orquestada desde lo más profundo de mi hipotálamo!", te dices a ti mismo.
No se salva nada. No se salva nadie.
(-"Qué gustirrinín ...!"
-"Quina explosió perls sentits"...!).
3. Levitar es flotar en el aire por medios místicos (DRAE)
Sumergido ya en la morfología del gótico tardío burgalés, al igual que a ras del mar Cantábrico, poco a poco pierdes el sentido y comienzas a levitar: Las dos lámparas que penden de las alturas, todo cristales de color que reparten rayos luminosos, tienen un efecto hipnotizador sobre ti, cual si fueran dos péndulos que oscilan suavemente ante tus ojos ordenando el cosmos. Levitas en el aire del templo gótico como flotas el agua del mar Cantábrico...
Bajo estas bóvedas, con la luz del sol que baila a través de las vidrieras y dora la piedra caliza, con el ligero olor a incienso y el humo de las velas que se desvanece en las alturas y con un frescor general que te hace estremecer... surge en ti lo más parecido a una tesis, a una antítesis y a una síntesis... Qué digo, lo más parecido a una metáfora sublime, al algorítmico más eurístico (?), al microrrelato más original, al mismísimo epitafio de Seikilos...
El silencio se apodera de ti y te transporta a otra dimensión. Te vas sintiendo fuera de este tiempo y lugar. Ni un solo ruido. El mismo silencio de siglos, cuando ni siquiera se habían ni inventado los motores... Cuando la hora del día se adivinaba por el camino del sol del este al oeste.
4. Despedida “templaria” en el solsticio de verano
Grata levitación os deseo a todos, colegas de Encuentros, reunidos en este día para despedir el curso, en el hotel Jardín que visto desde fuera siempre me ha parecido, no una dársena o un templo gótico; sino algo más moderno: una "pecera dos” (reservo “la pecera uno” para la templaria del Ateneo). En este día, el más largo del año que da paso a la noche más corta, el solsticio en que "baila el sol cuando nace y ríe cuando muere el día". Aconsejable acudir en "bermudas" (para levitar adecuadamente).
Y aquí sigo por unos momentos más, amigos, levitando placenteramente, bajo estas bóvedas de piedra de Hontoria de la Cantera. Y como este año no podré ir a Santander, envuelto en este sosiego templario me digo: “¡A falta de pan, buenas son tortas!”.
5. PD.
Otoño en Burgos
Burgos-Tres
Cantos-
Verano-otoño de 2025.
En el día del cambio de hora.
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