El ingenio de los de Groenlandia
1.- El trampantojo
El trampantojo en las fachadas de los rascacielos neoyorquinos, al estilo del marketing más agresivo, era la trampa, como su nombre indica, con la que el actual jerarca supremo engañaba a los ciudadanos americanos haciéndoles ver lo que no era.
-¡Divulguemos sin disimulo las simulaciones ópticas del falso mundo ideal que nuestro líder absoluto está creando a marchas forzadas! -Dijo el mandamás de los asesores de imagen.
Aquellas lonas enormes con fotos murales, a todo color y marcadas perspectivas, decían informar; pero pretendían engañar a los sentidos y crear falsas ilusiones. Decían aportar conocimientos sobre la marcha saludable del país; pero intentaban tranquilizar las conciencias y calmar la pena de los ciudadanos ante lo que veían en las calles. Con supuestas ilustraciones hiperrealistas presentaban el antes y el después de la actual era traumática que el nuevo poder controlaba con mano de hierro.
-¡Todo ha de contribuir a que el ciudadano vea color de rosa la presunta nueva realidad! -añadió el muy avispado jefe de propaganda.
Con idéntica estrategia el antojadizo y ambicioso magnate mostró las maravillas de Groenlandia a los estadounidenses para despertar en ellos la nueva y urgente necesidad de apoderarse de esta inmensa isla helada.
-¿No nos estamos pasando un poco con los murales de habitaciones con vistas venecianas a los canales, bellos lagos y fiordos, montañas nevadas, banderas al viento...? -Preguntó el secretario de estado pues sentía, vagamente, que una cierta mala conciencia le arrugaba el entrecejo.
-¡El fin justifica los medios! Que añadan arcos, balaustradas con escalones, plantas con flores maravillosas, paisajes mágicos al fondo -Respondió el vicepresidente sin ningún tipo de reparo.
Realmente era un contraste sencillamente espectacular en contraposición a los tonos grises de las calles de las ciudades y poblados americanos. El efecto de amplitud era magnífico, con fondos mágicos donde se perdía la vista.
2.- El cambiazo
De este modo el antojadizo y ambicioso viejo jerarca les dio la idea a los ciudadanos de Groenlandia que no estaban dispuestos a renunciar, así como así, ni a su territorio ni a su libertad.
Éstos conocían la orografía de su gran isla en lo concerniente a costas y fiordos; no tanto lo que ocultaba la capa de hielo que cubría entonces el interior de aquella inmensa superficie, donde únicamente la fauna salvaje del ártico campaba por aquel territorio inexplorado, antes del avance del cambio climático que ya se anunciaba.
El joven primer ministro de Groenlandia tomó la palabra ante la asamblea de representantes groenlandeses:
-¡Ciudadanos inuits, daneses y migrantes europeos de Nuuk, la capital, y de la isla toda! ¡Saquemos partido de las posibilidades estratégicas de la enorme e ignota superficie helada que cubre nuestro inmenso territorio! ¡Demos el cambiazo que se merecen los invasores! -Propuso.
Y les fue relativamente fácil dar el cambiazo que proponía el joven líder para pararle los pies al caprichoso y ambicioso jerarca invasor:
Cubrieron el nuevo y flamante aeropuerto internacional de la isla con los trampantojos enviados por los americanos, o sea, las fotos murales con las vistas venecianas, los fiordos azules y las cumbres nevadas, y extendieron un trampantojo con el falso aeropuerto, a tamaño real, sobre la zona más lejana e inhóspita de la inmensa paramera helada. La torre de control, las pistas, las señales de aproximación, las luminarias a ras del suelo, los geranios y plantas trepadoras en las ventanas de los controladores de vuelo. Nada faltaba en aquella enorme foto mural del aeropuerto simulado por el ingenio de los ciudadanos groenlandeses.
3.- El aterrizaje del Air Force One en Groenlandia
Llegado el momento, el nuevo Air Force One, regalo del Emirato de Qatar, con el gran jerarca que se creía el rey del universo, y que iba a plantar su bandera sobre la isla helada para tomar posesión de la misma, acompañado, como invitados, de los otros dos máximos jerarcas mundiales tan taimados como él y que se creían igualmente inmortales, a bordo, se dispuso a aterrizar en el nuevo y flamante aeropuerto internacional de Groenlandia.
***
Han pasado los años, corre el 2050 y aún hoy sigue desaparecido ese enorme y moderno aparato regalo del Emirato de Qatar, con sus ilustres viajeros a bordo.
Lo que no sabían entonces los groenlandeses; pero supieron después por los efectos del cambio climático es que no habían colocado el trampantojo del falso aeropuerto sobre una inocente paramera helada; sino sobre la sima volcánica más profunda y peligrosa de Groenlandia.
Invierno. Fco. Alonso Crespo.
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